miércoles, 10 de septiembre de 2008

JULIO, EL FLACO Y EL JAZZ

- A Julio le gustaba el Jazz, sabía un montón de jazz, sobre todo música de saxo, y hablaba siempre de Charlie Parker, yo recién llegado al cuadrito 32, amarillo, iba a descubrir a Piazzolla. Tira de nuevo. Me llevé el disco de 33 revoluciones, un long play que me regaló Ricardo con grabaciones de homenaje a Louis Armstrong, una mochila y un sombrero grandote. Pero a Julio no sólo le gustaba el jazz, escuchaba Troilo, a Pugliese y tocaba valsecitos criollos en el piano.
Los hermanos Juan y Alberto Cedrón vivían en Saavedra, en la subidita esa que está pegada a la General Paz. Allí había un ombú gigantesco que, de tan enorme, tenía un patio de ladrillo adentro.
- Nosotros jugábamos ahí cuando éramos pibes –así lo recuerda Juan, el “Tata”- El árbol tenía adentro un hueco, lo que nos parecía la entrada de un túnel. Y muy cerca, una casa. Decíamos que ahí se había reunido Rosas con Quiroga y que tenía pasadizos secretos.
- El otro hermano, Alberto es un tipo de gran talento. Cuando leyó Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal, Alberto descubrió el episodio en que los personajes salen a atorrantear y bajan al Infierno por un ombú que está en Saavedra. Yo trabajaba en Núñez, frente a la Escuela de Mecánica de la Armada, cerca de la estación Rivadavia. He pasado miles de veces por allí. Una noche iba cruzando las vías y el tren atropelló a un tipo. Me quedé helado a borde de las vías hasta que el tren paró y llegaron los bomberos, prendieron reflectores para buscarlo y todo eso. Yo estaba en la sombra del terraplén sin ver nada, y en cuanto di un paso para seguir cruzando apoyé el pie sobre una mancha de tipo que estaba desparramada sobre el pedregullo. Nuca había visto el ombú donde está la entrada al infierno, ni siquiera sabía de Juan ni de Alberto. Pero esa noche vi el túnel, y cualquiera que pase ahora por la Escuela de Mecánica de la Armada, puede ver la entrada... el árbol creo que no está más, el infierno no sé...
- Es bastante horrible que todas las hojas de todos los árboles de nuestra vida, presentes para Funes el memorioso, estén perdidos para nosotros sin estarlo, estén ahí como si no estuvieran, en una memoria pasiva que se niega a obedecer a la voluntad y en cambio, estúpida, nos saca de golpe una vidriera en Roma en 1952, un lápiz azul de un cumpleaños infantil, una escena de una cinta de Pola Negri, un compás de tango y gracias, dejándonos vislumbrar sádicamente que todo el resto esta también ahí, que podríamos acordarnos si solamente encontráramos el método.
- Me voy a Córdoba
- Entonces mejor llevate de recuerdo el disco de Armstrong, te lo regalo. Hay melancolías doradas como la trompeta de Satchmo, huelen como las pizzas del Banchero y tienen sabor a tabaco negro. Ya no tomamos más ginebras en La Paz ni en ninguna parte con Ricardo, por ahora estará tomando unos vinos con Julio, donde quiera que sea. Sigo la búsqueda de magas y vías ferroviarias de fierro carrilero.
- ¿No te gusta la música?
- - No jodas, flaco, soy sordo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola gerardo!!!
no tengo idea de como dejarte un msj pero a ver si funciona!!!
mi correo es coraline_gen@hotmail.com ok???
soy genn de alternativa teatral!!!
avisa si te llega!!!