martes, 9 de septiembre de 2008

HORA DE IRSE


Algunas veces no puedo dormir, claro.
Hay días en que decido bajar a la ciudad y entonces es cuando estoy jugado. Nunca sé muy bien qué buscar ni que estoy esperando, pero estoy jugado, lo siento en esa contracción del estómago; no puedo volver atrás.
Suena poético, ¿no?... qué chasco. En realidad no puedo volver porque no hay más colectivos hasta la mañana siguiente, como si fuera tan fácil vivir en un pueblo como el mío. Pero es que siempre fue así, aunque esto sea una escala menor ya hubo otras veces en los colectivos, o haciendo dedo, o con el medio que fuese, siempre partiendo. En fin, cambiando solamente de lugar físico aunque siempre son formas de quemar las naves, de impedir el retroceso...
Con esta historia no se copa nadie, ya sé, y esto ni siquiera es nuevo. Pero por lo menos yo sigo cultivando mi hobby. Los británicos le echaron la culpa al spleen y se fueron por el mundo ¿porqué no podría yo sufrir mi spleen?. Por lo menos navego quince kilómetros cada tanto. Ellos llegaron a Birmania o a Tuatamotu, yo llego a Neuquen.
Todo empieza por un pequeño acto, una pequeña decisión, un paso adelante.
Y otro, y estamos caminando o subiendo o bajando o cayéndonos al vacío, qué sé yo. He visto muchos dibujitos animados.
Pero un día empecé a caminar por las calles de Buenos Aires, crucé por Callao, seguí por Corrientes, anduve Plaza Francia... y aquí estoy, sentado junto a la chimenea en un taburete de troncos. Porque es el mejor lugar de La Tasca, nada más. Y tomando una copa de vino tinto. Esto es lo sensacional de La Tasca, poder tomarse una copa de vino, tinto o blanco, con o sin hielo. El mío es tinto y el mozo recalca “borgoña” para desburrarme, entonces le pido “manises”, y aquí me ven, pelando “manises” para bronca del mozo educado. El no sabe que el rito es el mismo que en BarBaro, allá, cerca de la Galería del Este. Me siento bien, la música de Eric Clapton no suena mal.
Llega Miguelito con Alejandra y con ellos se pone lindo. Charlamos, ellos piden cerveza y más manises (siguen siendo manises) y Miguelito quiere hablar de Poe, y lo mejor de la edición que me prestó es la biografía que escribió Cortázar y Miguelito me desafía a que le escriba una igual para él, que es mi amigo, pero Alejandra sigue hablando igual y empieza a interesarme... ¿qué pasa? ¿Estamos hablando de Joan Báez y de Woodstock y James Dean y pelando manises? ¿O será que me parece a mí que esto sucede ahora y en estos taburetes? A mi lado se sienta Concepción, que trae una fuerte vibración de libido y Eros al calor de la leña. Me susurra en el oído, habla del amor agenérico, bisexual y hedónico. Y toma de mi copa.
Una hora después seguimos intercambiando lenguas húmedas de vino tinto, pero yo quiero conversar, y quiero saber quién es esta Alejandra.
Parece joven y linda.
Parece de acá nomás.
Parece que de veras escucha a Creedence Clearwater. Y la chuceo, quiero hacerla hablar.
Y aparece Tanguito (otra vez) pero también Paul Elouard...
Miguelito salta con su eterno exabrupto:
- ¡Artaud viejo! ....
Su reciente descubrimiento deslumbrante:
- ¡Artaud y la Carta a los Poderes! ¡Viva el surrealismo!
¡Pobre Artaud!. Desde hace un tiempo lo escucho zarandear a cada rato.
No sé qué le contestamos a Miguelito, Concepción sigue invocando la transgresión de sus amores lésbicos, quiere leer a Pizarnik y quiere que hagamos el amor allí, en La Tasca.
No sé qué le contesto a Miguelito, ni a Concepción pero hay más, mucho más, ya estamos enredados con Aretha Franklin, y suenan armónicas bluseras y John Lee Hoocker zurdo, tocando la guitarra sobre las rodillas...
Y estamos de pronto en la calle, ya pasó la Tasca, vamos todos en mítica procesión y Miguel es el rabdomante que buscará más vino.
La bandada sigue al líder, vuela en triángulo aprovechando la corriente de Este a Oeste y los semáforos que se presumen en verde o algo así para cruzar las calles del centro sin riesgo (para los conductores)
La bandada realiza algunos círculos de reconocimiento antes de curvar las alas para el descenso. El líder parpa avisando que no hay peligro.
El rabdomante encontró la Peña de Moisés.
En definitiva, llegamos al Quitapenas, todavía abierto y calentito.
¿Cómo llegamos allí?
No al Quitapenas digo, que cualquiera sabe dónde está , sino cómo se llega a esta discusión sobre Rimsky Korsakov solamente porque yo pedí vodka y a ella (Ale) le gusta Ravel (¿era la Pavana?) ...y apareció el Julio ¿cómo iba a faltar? Siempre el Julio, y esos cigarrillos negros se me antojaron Gauloises, y le empecé a decir Talita a Concepción y Oliveira a Miguelito...
Y desapareció Alejandra.
Desa pareció.
Linda charla.
Hablamos un montón. Se copó con los 60. Sería lindo haberla vivido.
Qué cope loco.
Chau, la vida continúa (así, que suene así, como lo que es) o lo que mata es la humedad y parece que va a llover porque me duelen las cicatrices.
Ahora voy a confesar la verdad.
Porque mientras uno escribe puede contar lo que le parece o lo que le conviene. Pero yo no volví más por La Tasca, esa es la verdad.
¿Qué podría hacer por allí? Ellos hoy tienen apenas más de veinte años. Igual que yo, allá, lejos, cuando todo el mundo se iba a Brasil y yo también fui pero no entendí nada muy bien, y tampoco encontré nada allá en Brasil, y encima volví muerto de hambre y me metieron en cana en el viaje como tres veces y tuve que volver a vender diarios en la esquina. ¿Algo menos romántico que vender diarios en la esquina?
¿Y qué podré contar ahora, sentado en un tronco, con una copa de vino tinto en la mano y mirando ese fuego tan cómodo?
Hubo alguna película que me perdí por culpa mía.
Concepción canta y tiene una voz hermosa.
En alguna parte hay gente pintando y escribiendo poesía con agua salada.
Pero yo siento que me perdí alguna película, porque pelo manises y pienso en el pasado. No, me da vergüenza. No volví más.

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